Exposición 3D

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El Dilema del Páramo de Santurbán: El Oro que Enriquece o el Agua que da Vida

Fotógrafo: Jorge William Sánchez Latorre.
Abogado, montañista, buzo, ambientalista, fotógrafo de la naturaleza.

Nací en el pueblo de Mutiscua, Norte de Santander, el 18 de Septiembre de 1.952. Mis padres fueron José Santos y Ana Belcy. Tengo en la actualidad 67 años cumplidos. He vivido en Bucaramanga desde la edad de diez años  pero sin desconectarme de mi patria chica, a la que visito con inusitada frecuencia. 
Soy abogado de profesión y siempre he sido litigante, por más de 35 años. Además soy fotógrafo de la naturaleza, guía de alta montaña e instructor de buceo. Igualmente fui cronista durante varios años del diario “VANGUARDIA LIBERAL” y de otros medios. 

El montañismo es genético en mí ya que mis ancestros por vía materna, mutiscuanos casi todos, exploraron el Páramo de Santurbán del que Mutiscua hace parte, y fue don Evangelista Latorre, mi abuelo, el que -de su mano- me hizo conocer, a la temprana edad de cinco años, las maravillas y bondades de ese mágico y pródigo patrimonio natural del Gran Santander. Fue así como empecé a amarlo, a sentirlo mío, a “padecer” la compulsión de recorrerlo y escudriñarlo, de documentarlo,  de intimar con él, de tal suerte que ya son más de seis décadas en las que el páramo hace parte de mi conciencia y de mi ser en general. Ha sido tal mi obsesión  por esa gran fábrica de agua de que somos depositarios los habitantes del Gran Santander que decidí hacerme buzo y especializarme en buceo de altitud para poder explorar -por fuera y por dentro- sus hermosas y ensoñadoras lagunas. 

Consciente de que la mejor manera de acercar el páramo al común de la gente era a través de las imágenes, emprendí hace ya varios años una labor de documentación gráfica que me ha llevado a conformar una fototeca que en este momento supera las diez mil fotografías del Páramo de Santurbán, algunas de las cuales han sido mostradas al público en medios de comunicación escritos, en conferencias y en exposiciones no solamente aquí en Santander, sino también en Norte de Santander y en la capital del país. 
Ha sido la manera más eficaz de generar conciencia en torno a la necesidad de proteger y salvaguardar ese portento natural de los santandereanos de uno y otro departamento.

Descripción de la exposición: El Páramo de Santurbán es detentador de dos importantes riquezas que en mi sentir se excluyen  recíprocamente: En sus más de ciento veinte mil hectáreas abundan el oro, la plata y otros minerales de alta estima y de gran valor comercial, cuya explotación sin duda alguna reportaría -por concepto de regalías y oportunidades de trabajo- beneficios económicos para la región. Por otra parte, es un valioso ecosistema donde existen más de cuarenta lagunas, centenares de riachuelos, variada y abundante vegetación captadora y retenedora del vital líquido; es decir, se trata ni más ni menos que de una verdadera mega-fábrica de agua de la cual nos beneficiamos todos los seres vivos de este Gran Santander y de otras regiones del país.
El dilema, entonces, es evidente: Si se explotan el oro y la plata a gran escala, esos recursos hídricos y todos los demás elementos bióticos del páramo resultarían seriamente afectados y en grave peligro de extinguirse en detrimento, por supuesto, de quienes somos beneficiarios de los mismos. Si se excluyen de ese ecosistema todo tipo de actividad minera y cualquier otra actividad humana que lesione el páramo como la agricultura y la ganadería, la gran fábrica de agua podrá conservarse a perpetuidad. Obviamente, nunca se captarán los recursos económicos derivados de las regalías ni se ocuparán centenares de brazos actualmente cesantes. Entonces, citando al maestro Andrés Hurtado García, me pregunto con él “¿Qué vale más: El oro que engorda los bolsillos o el agua sin la cual no hay vida ni bolsillos que engordar?”.

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